AgroPro

OCTUBRE 2021

Maní ¿Ángel o demonio?

Por Ignacio Eguren para Horizonte A

Si naciste en Córdoba, es muy probable que lo definas con el primer adjetivo. Y que el maní sea uno de los tantos motivos de orgullo que sientas por tu provincia. Pero esa, quizás, no sea la misma consideración que tengan otros actores de la cadena de valor de provincias vecinas.

 

Hace unos 10 años, cuando los “maniseros” comenzaron a explorar con mayor iniciativa otras provincias, el cultivo no era del todo bienvenido en esos lugares. De parte de los productores, porque competía con ellos por la tierra con alquileres que no podían pagarse produciendo los cultivos tradicionales. De parte de los asesores, contratistas, agronomías y otros proveedores porque no compraban o contrataban bienes y servicios en la zona. Además, todos sentían que el cultivo no era sustentable por las características de su cosecha.

Aumento

 

En los últimos años, el avance del maní en estas provincias ha aumentado considerablemente por cuestiones fitosanitarias adversas que se dan en la zona manisera y porque se van descubriendo lugares con altos potenciales, estabilidad y sanidad que permiten crecer en escala. Y la relación entre los “locales” y los “maniseros” es cada vez mejor. Estos últimos, y cada vez más, compran insumos y contratan servicios en la zona lo cual es muy beneficioso para la población que vive principalmente del campo. Para los dueños de la tierra, poder alquilarla a los valores que pueden pagarse con maní, es en muchos casos un gran avance económico y financiero que de manera directa o indirecta también se verá reflejado en el pueblo. Y para aquellos productores que quieren diversificar su negocio agrícola, el cultivo pasa a ser una buena alternativa.

 

En primera persona

 

Mi relación con el maní se ha dado desde diferentes lugares. He vendido insumos y he dejado de vender a causa del mismo, he alquilado nuevos campos y he dejado de alquilar otros; he producido y asesorado sobre el cultivo. Y también mi familia ha alquilado su campo para mani en algunas ocasiones.

 

Pienso que en diferentes ámbitos de la vida, y esta no es la excepción, siempre podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, podemos quejarnos o buscar oportunidades.

 

En lo personal, con el maní encontré buenas oportunidades y tuve grandes aprendizajes. Pude contagiarme de la pasión con la que trabajan aquellos productores y contratistas que lo vienen haciendo desde hace generaciones. En muchos casos, empresarios super exitosos que viven cada campaña como si fuera la primera, a la par de sus equipos de trabajo y con una humildad admirable. Por otro lado me ha ayudado a seguir profesionalizandome.

 

Aprendizaje

 

He aprendido de este cultivo y de esos equipos de trabajo muchas cosas que pude extrapolar a los cultivos tradicionales. Cómo por ejemplo revisar mejor los campos a alquilar, monitorear de manera más eficiente y cuidar o mejorar la infraestructura de los campos arrendados. También aprendí mucho sobre la gestión de las labores y la parte técnica, en especial sobre el control de malezas sin el uso de glifosato. Y algo muy importante que ratifiqué con el maní, por ser un cultivo muy intensivo, fué la importancia de apoyarnos en plataformas y herramientas digitales para llevar cada una de las etapas de manera más eficiente y sustentable. Son muchas las personas, los procesos y las actividades que participan del ciclo productivo (lo mismo que ocurre en soja, maíz y otros cultivos; sobre todo en los últimos años). Por lo cual es fundamental contar con controles y trazabilidad de todo lo que hacemos. Necesitamos saber y acceder de manera rápida a la información importante; o ser alertados, por ejemplo, sobre que aplicamos en cada lote el mes pasado, el año pasado o el anterior, si eso pudiera afectar al negocio. Como también es necesario poder llevar un adecuado registro de otras cuestiones técnicas, operativas y comerciales; y poder hacer seguimiento de los cultivos, de los presupuestos y de los objetivos propuestos, de manera eficiente. También aprendí del maní que con buenas prácticas podemos mitigar el impacto que causamos. Y esas son, entre otras, la rotación de principios activos, el uso de cultivos de servicios y rotaciones que incluyan gramíneas.

Quienes producimos soja y maíz también podemos obtener aprendizajes de otras especialidades e incluso de otras actividades. Como también ellos aprenderán muchas cosas que surgieron de estos cultivos. Pienso que lo importante es, en definitiva, estar siempre abiertos a nuevas oportunidades y en búsqueda de la mejora y el aprendizaje continuo. Y no vernos, especialmente entre productores, como “enemigos” sino como potenciales socios o aliados. Porque en definitiva todos buscamos lo mismo, aprender y generar riqueza para nuestras familias y nuestros pueblos.